PROLOGO

Continúo con poesías mías, una saga iniciada por mi padre, Juan Antonio Rodríguez. Él publicó, Pasión y Búsqueda. Lo firmó Aldo, seudónimo que usó como poeta y como militante clandestino. Con mi madre[1], me pusieron ese, de segundo nombre. Para mi madre y su familia, mi padre, nunca dejó de ser Aldo.

En su prólogo, me decía:
.../Y a ti, mi Sergio, poema palpitando
En la savia de mis venas y mis manos,
Que has llenado mi canto depreciado
De nuevos cascabeles y de pámpanos/…
…/Es un libro raro para tu inocencia,
-Canción de lucha para Desengaños-
Pero en su esencia está mi vida impresa
Y mi vida es valor para tus años./…

Pasión celosa
Caminito tallado de tu infancia
Con tus sueños de artista. Así lo quiero
Yo he de cubrir tu pecho con mis ansias,
Con mi aliento sin límite y mi celo.

Tu muerte estará en mí, si eso es preciso.
La muerte de tu infancia con tus juegos,
La que mató mi infancia, sólo digo.
La muerte más mortal, la de los sueños.

En ese entonces, mi padre era albañil y tenía veintiocho años.
Va mi reconocimiento a sus postergadas dotes de artista. Le cuento, aunque no pueda oírme, que sigo resistiendo a “La muerte más mortal, la de los sueños.
Va mi recuerdo agradecido a Emilio Rodrigué, uno de mis maestros en psicoanálisis que me incitó a publicar mis poesías. Dedico el libro a mis hijos, nietos, nietitas y a Laura mi esposa y su hija Eliana.

sábado, 29 de agosto de 2015

Al Cabo darío ríos, Al soldado jason burt
(Caídos en el monte Longdon)
Esta Pintura, está sobre una pared de Avenida Bullrich casi esquina Libertador. Contiene la última carta que les envió Darío, a su hijo y a su esposa, en la guerra de Malvinas. La remitió desde el Monte Longdon entre el 11 y 12 de junio de 1982. Cayó muerto en la batalla por dicho Monte. Para dar uno de los nombres de los muertos del lado inglés en esa batalla, anoto el del soldado raso Jason Burt.
28 – VIII - 2015
 Con la esperanza de volverlos a ver El cabo darío, les escribió esta carta a su hijo y a su amada.  ¿a quienes les habrá escrito algo así, El soldado jason?



Ambos murieron
En el monte longdon.
El monte quedó…
Sin nombre argentino.

Ambos murieron…
Y otros miles más.
Y Otros… ¿dónde
Quedaron?

Los que volvieron Sabiendo de la locura,
No pudieron perderla más.
Lisiados de alma.
otros, de cuerpo también.

Aquí y en Inglaterra.
Como en Norteamérica
Los de Vietnam.
¿Para qué, matarse así?

¿Por los delirios de un borracho
Y los últimos estertores,
De un imperio en decadencia?
¿Y hablan de humanismo…?

¿No sería mejor ser animales?
¿Por qué  decir animales
A los que desatan guerras?
¿Por qué Ofender a los animales?

Digámosle criminales.
A los criminales.
Simplemente así.
Contundentemente -criminales.

Pablito se quedó sin padre,
Su amada, sin quien la amaba.
Seguramente hubo, hay,
Quienes quedaron sin jason.

El general que dictó La muerte
para nuestro cabo,
Murió embebido
en un whisky de marca inglesa.

En el cartón de chiclets Adams,
nombre inglés,  Que mordía y remordía,
Pablo ríos, lee  una y otra vez,
Que fue uno de los dos amores de Darío.

Amor que no puede sentir ahora.
¿Su orgullo, cubre ese vacío?
Darío, jason…
Nada cubre esas ausencias

Sergio Rodríguez  -25 – VIII – 2015-     Buenos Aires (argentina)






No hay comentarios:

Publicar un comentario